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jueves, 25 de octubre de 2012

Entregente: Gustavo Pagés, especialista en fertilidad


“Que sea in vitro no significa que sea un nacimiento anormal”
Según cifras de International Committee Monitoring Assisted Reproductive Technologies ICMART, en el mundo nacen alrededor de 1.5 millones de personas anualmente gracias a este tipo de tratamientos. De ese número, el presidente de la Asociación venezolana de medicina reproductiva y embriología AVEMERE, Gustavo Pagés calcula cuántos de estos se realizan en el país

En 1985 se aplicó por primera vez la técnica de fecundación in vitro en Venezuela. Desde entonces y hasta la actualidad “las tasas de embarazo han mejorado muchísimo” dice el médico experto en fertilidad, Gustavo Pagés. Asegura que cuando se empezaron a realizar este tipo de tratamientos en el país “la tasa de embarazo no llegaba al 15%” y que en la actualidad esta cifra ha aumentado a un 50% de probabilidad.
Pagés, quien se desempeña como director del instituto FERTILAB en Caracas, dijo que en el país están naciendo “entre 1000 y 1300 niños por año aproximadamente gracias a tratamientos de fertilización”, cifra que calcula según la tasa de fertilidad y natalidad arrojada por el último censo poblacional de Venezuela. “In vitro”, técnica inventada por el médico británico Robert Edwards, forma parte de uno de los métodos más utilizados. Consiste en obtener varios óvulos de los ovarios para fecundarlos con los espermatozoides en el laboratorio. En ese proceso se forman embriones, los cuales son colocados en el útero para el desarrollo del embarazo.
“Decir que no se puede lograr un embarazo es casi imposible porque siempre habrá una manera”, apunta el especialista acotando que la mayoría de las parejas en la actualidad están retardando el momento para tener bebés, lo que ocasiona, en algunos casos, la infertilidad. Con respecto a eso, Pagés sostiene que “la fertilidad comienza a disminuir después de  los 35 años, se hace un poco más severa después de los 40, y lograr un embarazo a los 45 años por cualquier método es muy poco probable”.
Según datos que el experto maneja, las parejas que tienen problemas de fertilidad representan tan solo el 15% de la población mundial, de las cuales solo necesitan tratamiento el 4 ó 5%. “El hecho de que sea in vitro no significa que sea un nacimiento anormal”, señala con precisión Pagés, quien aclara que lo único diferente es el procedimiento para lograr el embarazo, catalogado por él como “más fácil y sencillo” para quienes tienen problemas de fecundación.
El método, cuyo costo oscila alrededor de 80 mil bolívares aproximadamente, posee un margen estrecho de riesgos. “Cada vez tenemos menos embarazos de alto orden porque estamos transfiriendo menos embriones”, explicó el ginecólogo y obstetra con maestría en la Universidad Central de Venezuela. Señaló que para realizar la fecundación  sólo se transfieren a las pacientes uno o dos embriones. El uso de más de tres es casi inusual para evitar “embarazos múltiples”, los cuales tienen entre un 20 y 30% de probabilidad.  
Por otro lado, el experto hizo referencia a que “la cuarta parte de las parejas que tienen problemas de fertilidad tienen las trompas dañadas”. Con respecto a eso acotó que una de las principales causas son las infecciones producidas por las enfermedades de transmisión sexual, que hacen que las trompas se infecten produciendo que estas se lastimen, así como también pueden influir lesiones causadas por operaciones donde se extraen miomas.

“In vitro” y el cáncer

En 2005 algunos científicos de la Universidad de Lund en Suecia realizaron estudios donde explican la posibilidad de que el tratamiento de fecundación de ovarios ocasione cáncer en los niños concebidos por este tipo de métodos. Para Gustavo Pagés, quien tiene conocimientos acerca de los estudios realizados, es poco probable que la causa del cáncer infantil este directamente relacionada con la fecundación in vitro. “No hay ninguna relación con cáncer infantil”, aseguró el especialista, agregando que la única posible y actualmente discutida relación del tratamiento está dada con cáncer de ovarios.
“Estamos todavía en discusión acerca de si son los tratamientos o si es porque la mujer no ovula”, precisó el también autor de dos libros sobre fertilidad, quien dijo que aparentemente la causa se está dando por la falta de ovulación de las pacientes, descartando de esta manera que el problema lo esté ocasionando el método con el que el mismo ha visto nacer a cientos de niños.

Del ginecólogo al psicólogo

Según datos aportados por FERTILAB, una pareja es infértil cuando no logra el embarazo a pesar de mantener relaciones sexuales frecuentes durante un año o más sin protección anticonceptiva. Cuando este tipo de situaciones ocurren, expone Pagés, es muy difícil  decirles a los pacientes que tienen problemas de productividad y ofrecerles un  procedimiento de fertilización. La situación trae consigo periodos de frustración, rabia y hasta de negación, que son canalizados por el psicólogo a quien inmediatamente son dirigidos.
“Van a gastar mucho de su tiempo, de su dinero y de su energía y van a tener solo un 50% de probabilidad de embarazo” explica el experto. Considera que se debe preparar a la pareja para aclararles que el tratamiento que se realizarán les permitirá tener un embarazo tan normal como el de parejas sin problemas de esterilidad. Sin embargo, las charlas psicológicas son necesarias porque existe la posibilidad de que a pesar de que se transfieran los embriones no ocurra el embarazo.
Aunque algunos especialistas en biología de la reproducción como Socorro Gonzales, certificada por el Consejo mexicano de Ginecología y Obstetricia, visualizan que en los próximos años se incrementarán los problemas de fertilidad debido al retraso de la maternidad en las mujeres, Pagés expresa que “con constancia, trabajo y dedicación se logra un embarazo seguro” a través del uso de los avances tecnológicos. No obstante, al mismo tiempo llama a las parejas a no dejar pasar el tiempo para concebir el embarazo.

viernes, 19 de octubre de 2012

Bondades y errores del sexismo lingüístico en Venezuela



El pasado domingo electoral, en víspera de los resultados que emitiría Tibisay Lucena, presidenta del CNE, salió entre risas el tema del uso del género en Venezuela, sobre todo en tiempos electorales. La presidenta del ente electoral hace que los venezolanos –y las venezolanas- se arranquen los pelos escuchando el popular membrete con el que, respetuosamente y cumpliendo la ley, se dirige al país: “Buenas noches, venezolanos y venezolanas, ciudadanos y ciudadanas…”
En esta oportunidad voy a escribir sobre el uso del género y los errores que detecté en las propias leyes venezolanas.
Entérese el que no sabía. Desde 2001, el artículo 5 de la Ley de Publicaciones Oficiales de la República Bolivariana de Venezuela reconoce el uso del género para diferenciar entre hombres y mujeres según su rango. Esto supone la integración del género femenino a los diferentes escenarios sociopolíticos de los ciudadanos –y las ciudadanas. En Marzo de 2012 se convirtió en polémica el informe publicado por Ignacio Bosque, lingüista español, miembro de la Real Academia Española. En dicho texto, este experto del idioma criticaba el excesivo uso de los masculinos y femeninos en la redacción, sobre todo analizando la Constitución de Venezuela. Luisa Estela Morales, presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, fue la primera en pronunciarse en esa oportunidad: “Este es un logro constitucional de la mujer venezolana que exponemos con orgullo”. 

El problema aquí no es la discriminación a la mujer. Esos son tópicos que se han superado en el pasado. El problema es problema cuando la redacción y hasta la alocución nos obliga a los venezolanos –y a las venezolanas- a incluir la diferenciación de género en todo lo que producimos intelectualmente.
Si se lee la Constitución de la República o cualquier otra ley que se escoja al azar, nos encontramos con textos totalmente confusos. Pero en los discursos esto también está presente. Cuando escuchamos una exposición tenemos que esperar al menos treinta segundos para que el o la ponente comience a detallar el tema: “Buenos días, profesores y profesoras, alumnos y alumnas, directores y directoras, trabajadores y trabajadoras de esta institución, estimados amigos y amigas, todos y todas”. Es algo muy parecido a lo que ocurre con la emisión de los boletines electorales.
Sí, resulta incómodo pero es ley y se debe cumplir, sobre todo los comunicadores –y las comunicadoras- y más aún desde la redacción de las propias leyes redactadas por los redactores –y las redactoras- calificados o calificadas para tal fin ¿Son muchas palabras para referirnos al mismo rango, no? Pero así es.
Cuando en la situación se incluyen hombres y mujeres, no podemos decir “los médicos de la clínica se reunieron”, sino “los médicos y las médicas…”, “los niños disfrutaron mucho”, sino “los niños y las niñas…”, “los obreros estaban cansados” sino “los obreros y las obreras…”, “los arquitectos lo construyeron”, al contrario “los arquitectos y las arquitectas…” y así sucesivamente.
Y aquí vienen los errores. Pareciera que está claro el uso del género para incluir a hombres y mujeres. Sin embargo las propias leyes venezolanas, específicamente la del Servicio Exterior, tienen sus errores al asignarles artículos a las personas.

“El Ministerio de Relaciones Exteriores podrá dictar por resolución la creación de una caja de ahorros de los funcionarios diplomáticos y funcionarias diplomáticas de carrera, de participación facultativa, a la cual el funcionario o funcionaria participante…” Artículo 100 de la Ley de Servicio  Exterior de Venezuela, 2005.

En este ejemplo, el uso del sexismo lingüístico “los funcionarios diplomáticos” está correcto. Sin embargo, seguidamente continúa refiriéndose a las funcionarias diplomáticas. El error está en que el artículo con el que se redactó fue “los”. Supongo que lo correcto sería identificar a los funcionarios y a las funcionarias. El mismo error de articulación se repite en varios enunciados, entre ellos el 111.
En la Ley Orgánica del Trabajo, se repiten este tipo de errores. En el artículo número 6 se expresa: “Los funcionarios públicos y funcionarias públicas…” En este caso, al igual que el anterior, debería ser los funcionarios y las funcionarias. Lo mismo ocurre en el mismo artículo donde se refieren a “los obreros y obreras”, en el artículo 20 con “los patronos y patronas”, y así muchos otros. Sin embargo, pareciera que estos errores son causa de descuido de los redactores o las redactoras de la Ley, pues entre otros, en el artículo 7 aciertan al referirse a “los trabajadores y las trabajadoras”.
Todo este análisis y detecciones de errores no van dirigidos simplemente a criticar. Al contrario, quise destacar lo complicado que resulta escribir en castellano. El uso del sexismo lingüístico tan demandado por la sociedad no es tan fácil de utilizar. En esto debemos estar cuatro ojos los comunicadores y las comunicadoras de este país. El deber es inculcar la escritura minuciosa en los estudiantes y las estudiantes de carreras como Comunicación Social. A simple vista está claro que deben ser personas formadas en letras y redacción las que desempeñen tareas tan exigentes como la de redactar una ley nacional.

viernes, 12 de octubre de 2012

Instrucciones para quien se va del país


 Cuatro maletas, por lo menos, me imagino que ya tienes empacadas. Me imagino también que no debe ser nada fácil vaciar en una maleta toda una vida y exponerla a lo poco visible. Desde la tercera línea te deseo el mayor de los éxitos.

Cuando estés en el aeropuerto, mira a tu alrededor. Encuentra algo que te identifique. El puesto de arepas, por ejemplo. Y cuando estés en el avión, mirando tu suelo apenas desde una nave que despegará y pronto dejará de estar en tierra venezolana, encomienda a quien tú quieras, tu vida en el lugar foráneo al que te diriges. Cierra los ojos e inserta desde entonces un pensamiento positivo: Estarás bien y encontrarás lo que quieres. Eso que negaste encontrar en Venezuela. 

No dejes que tus ojos se inunden. No permitas ni siquiera que en la garganta se te forme un torbellino de emociones. Simplemente mantente en silencio. Toma aire y disfruta de tu vuelo.
Cuando llegues al destino, no te sientas desubicado. Comienza desde ese momento a construir tu nueva vida en ese lugar. Al salir a la calle, cuando tu respiración capte por primera vez el viento de otro lugar, estarás ya lejos.

De ahí en adelante, no existen instrucciones que puedas seguir. Es tu nueva vida, ó al menos, la nueva etapa de tu vida. Recuerda siempre todo lo que dejaste atrás. Mírate de vez en cuando en un espejo y encuentra tus rasgos faciales: eres venezolano. Celebra nuestros triunfos con champagne o con agua, con copas o en un envase plástico. Al fin y al cabo, siempre seguirás siendo de aquí.

Mientras se pueda y lo permitan, las puertas de este país estarán abiertas para ti y para todos aquellos que decidieron dejarlo antes que tu. Un venezolano nunca deja que su hermano se moje en la tormenta, mientras en casa haya un lugar para él.
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